El viaje, última experiencia de libertad, ¿todavía es posible?

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El viaje, última experiencia de libertad, ¿todavía es posible?

Por Elena Castelló | 28 Agosto 2018

¿Viajero o turista? El debate casi ha desaparecido. Nuestro siglo XXI apenas permite la experiencia viajera. La proliferación de los medios de transporte hasta el más retirado rincón del planeta y las tarifas “low cost” han convertido en prácticamente imposible el “viaje”. Hoy, casi sólo quedan “turistas”. Sin embargo, lo que caracteriza esencialmente al viaje, una actitud de receptividad y curiosidad sin límites, todavía es posible: la idea de que el destino no es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas. Sumergirse en la cultura del otro, pero sin querer entenderla del todo, porque ese es el alma del viaje, la otredad. Con ayuda de tres insignes viajeros y un escritor del siglo XXI, exploramos ese recorrido del mundo, una de las experiencias más exquisitas y enriquecedoras, sinónimo del lujo contemporáneo, lujo de experiencia.

1-“Mientras el turista, por lo general, regresa a casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra (yo añadiría y de su alma)”, escribe el norteamericano Paul Bowles (Nueva York, 1910-Tánger, 1999) en su mítica novela “El cielo protector”. El mismo Bowles deambuló durante largos años por Francia, India, Ceilán, Tailandia, Turquía, Kenia, México o Costa Rica, antes de recalar en el norte de África, en Tánger, donde residió cincuenta años y falleció, hace casi veinte años, nonagenario. Su periplo de juventud tuvo el carácter iniciático de un viaje del Romanticismo. Para él, la diferencia entre el viajero y el turista era el billete de vuelta. Bowles es el paradigma del nómada en pos de su destino que idolatró la generación “beat”. Hoy difícilmente viajamos sin billete de vuelta, pero quizá sea posible adoptar, por un instante, el espíritu del viajero constante, su manera de mirar lo que va descubriendo, su rechazo de toda planificación. Su viaje aparentemente sin norte le va acercando a su alma. Viaja en busca de sí mismo. Un viaje de identidad, para encontrarse. Por eso, como decía Bowles, busca su camino en lugar de seguir el de otros.

2-“Hay que viajar conservando siempre una visión rigurosa y a la vez exaltada del mundo”. El geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador prusiano Alexander von Humboldt (Berlín, 1769-1859), convirtió el viaje en instrumento del conocimiento, en el conocimiento mismo. Explorar, observar, comprender, superar todos los riesgos, ir siempre más allá. Humboldt recorrió Europa, América del Sur y del Norte y Asia Central. Durante más de sesenta años vivió sin residencia fija, alternando entre París y Berlín, y viajando por Asia y América. Humboldt era “una Academia ambulante”, decía Goethe, ya que transportaba consigo todos los aparatos de medición de la época y un pequeño laboratorio en su maleta. Siempre luchó por evitar el dominio de un pensamiento único, de una cultura sobre las otras y fue el inventor del concepto de la naturaleza tal y como la pensamos hoy: un sistema interconectado en el que todos sus componentes se alimentan unos a otros. El secreto del viaje es la observación y la riqueza que nos otorga para reinventar la realidad desde otra mirada y otra lengua. Ese viaje incansable es el del espíritu de la Ilustración.

3- “Ando en busca de los que aún saben vivir en paz”. La frase es de la aventurera y deportista suiza Ella Maillart (Ginebra, 1903- 1997), y la pronunció en 1939, poco antes de iniciar un periplo de seis meses en un Ford Roadster Deluxe de 18 caballos, junto a la filósofa Annemarie Schwarzenbach, de Suiza a Afganistán, pasando por Turquía y Persia. Hoy ese viaje de dos mujeres jóvenes haciendo fotografías, tomando notas, durmiendo al aire libre y relacionándose con los habitantes nos parece impensable. “Uno viaja para huir de la rutina, la rutina terrible que mata a toda la imaginación y toda nuestra capacidad de entusiasmo”, añade Ella Maillart. El viaje a Afganistán de Ella y Anne Marie es la representación del periplo total: libre, aventurado, arriesgado, lejos de estereotipos y relatos predeterminados. Es el sueño del descubrimiento total, de la huida. Maillart plasmó la aventura en un relato novelado, “El camino cruel” (Ed. La Línea del horizonte).

4-Y para terminar… una bellísima frase de una de las novelas más importantes del siglo XXI, “Fahrenheit 451”, del escritor, ensayista y poeta estadounidense Ray Bradbury, padre de la literatura fantástica contemporánea (1920-2012). “Ve el mundo”, dice uno de sus personajes. “Es más fantástico que cualquier sueño”. La novela habla de un mundo donde el único objetivo es ser feliz aún a costa de enceguecer, en una burbuja de confort. No es difícil comparar ese afán de “distracción” con el del turista del siglo XXI, en busca de todo lo que puede encontrar ya en su propia ciudad o en muchas otras, con la idea siempre de sentirse cómo en casa. Por eso, ante todo, hay que abrir los ojos. Adiós a las fotos, adiós a las decenas de guías, adiós a las excursiones organizadas… Bueno, leer antes de viajar es un bello avance del viaje, es una forma de viaje, pero no hay que olvidar que la realidad siempre estará por encima y que hay que darle la oportunidad de presentarse ante nuestros ojos. ¿Qué instante más completo de felicidad puede haber que sentarse en una calle y ver a la gente pasar? Sin planificación, sin guión, sin horario. sin móvil.

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